jueves, 7 de julio de 2011
viernes, 26 de junio de 2009
Segundo Día
Habíamos llegado sin darnos cuenta.
Y ahora que habíamos llegado, nos dábamos cuenta que todas y cada una de las cosas que conformaban el paisaje tenían una razón de ser: el cielo, la tierra, el mismo aire.
Parados a la entrada de un rancho, luego de haber gastado hasta lo último que teníamos... ya sin nada en los bolsillos y con muy poco en el alma, revisamos la FILCAR y entre los vericuetos de las manzanas y las callecitas que se dibujaban en los reducidos espacios, nos dimos cuenta que mejor sería que no nos hubiésemos perdido. Dinero para regresar no teníamos y mucho menos ganas para hacerlo.
Éramos unos tontos.
Sabíamos dónde estábamos... por un mapa.
Pero no sabíamos nada de nosotros mismos y lo teníamos que descubrir.
Todos nos jugaba en nuestra contra, pero teníamos una cosa a nuestro favor... solo una... teníamos todo el tiempo del mundo para hacerlo y nada por perder; porque cuando nada se tiene, nada se conoce y todo está perdido... solo queda una cosa en este miserable mundo... pero también lo teníamos que descubrir.
Y ahora que habíamos llegado, nos dábamos cuenta que todas y cada una de las cosas que conformaban el paisaje tenían una razón de ser: el cielo, la tierra, el mismo aire.
Parados a la entrada de un rancho, luego de haber gastado hasta lo último que teníamos... ya sin nada en los bolsillos y con muy poco en el alma, revisamos la FILCAR y entre los vericuetos de las manzanas y las callecitas que se dibujaban en los reducidos espacios, nos dimos cuenta que mejor sería que no nos hubiésemos perdido. Dinero para regresar no teníamos y mucho menos ganas para hacerlo.
Éramos unos tontos.
Sabíamos dónde estábamos... por un mapa.
Pero no sabíamos nada de nosotros mismos y lo teníamos que descubrir.
Todos nos jugaba en nuestra contra, pero teníamos una cosa a nuestro favor... solo una... teníamos todo el tiempo del mundo para hacerlo y nada por perder; porque cuando nada se tiene, nada se conoce y todo está perdido... solo queda una cosa en este miserable mundo... pero también lo teníamos que descubrir.
Primer Día
Cuando pisamos por primera vez el suelo, tomamos aire y nos miramos largamente.
El cielo estaba tan celeste como el cielo puede estar.
Respirar resultaba tan pesado como todas y cada una de las millones de veces anteriores en que habíamos caído en la monótona acción.
Recién entonces caimos... en la cuenta hasta dónde habíamos llegado.
Recién entonces... caimos en la cuenta de quiénes éramos.
Recién... entonces caimos en la cuenta que solo dándonos cuenta de quieners éramos, podíamos llegar a ser.
Recien entonces cada uno de nosotros afirmó los pies en la tierra, sobre el polvo y exalamos el aire contenido.
El cielo estaba tan celeste como el cielo puede estar.
Respirar resultaba tan pesado como todas y cada una de las millones de veces anteriores en que habíamos caído en la monótona acción.
Recién entonces caimos... en la cuenta hasta dónde habíamos llegado.
Recién entonces... caimos en la cuenta de quiénes éramos.
Recién... entonces caimos en la cuenta que solo dándonos cuenta de quieners éramos, podíamos llegar a ser.
Recien entonces cada uno de nosotros afirmó los pies en la tierra, sobre el polvo y exalamos el aire contenido.
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